El autodidacta ambulantepor Eugenio Puche |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2008. Cuando el amor llegó al pueblo![]() Al salir Morga de mi casa, Liandra estaba esperándole, le contó que vio su sueño, que tenía el don para ello. Ella tenía miedo pues esperaba una reacción parecida a la de su padre años atrás, pero no fue así. Morga le habló a Liandra de su don, de cómo marchitó a su hermano pequeño como si de una flor se tratase, de cómo pasaba horas y horas, días, meses, años, toda una vida encerrado en una vieja casa, que nunca llegó a ser un hogar. Liandra le cogió la mano y le dijo que lo comprendía, se miraron fijamente y se enamoraron. Recuerdo que durante aquellos días el olor a amor se podía esnifar en todo el pueblo. Un contraste perfecto para el fantasma de la guerra, del que solo sabíamos noticias por la radio. Ese brillo de ojos tan sublime. Mentiría si dijese que no me sentía dichoso al ver una pareja tan comprometida. Lo malo es que a muchos les producía envidia. Morga y Liandra nunca se casaron, para los más beatos del pueblo fue como vivir en pecado, pero a ellos eso no les importaba nada. Vivían en una burbuja translucida donde solo entraba la luz, y no tenían que responder ante nada para demostrar lo que sentían. Ellos eran sus únicos testigos, bueno, en realidad todos mamamos de aquella fuente de felicidad. Lo malo es que algunos no sabían lo que la felicidad en si representaba para ellos. Liandra envejecía un año en un día. Tanto yo como ellos sabíamos la razón, y a pesar de que hice lo que pude no tenía capacidad para curarlos. Me odié por ello. ¿Como un amor tan perfecto podía llegar a marchitarse? Una mañana Morga desapareció sin dejar rastro, una nota indicaba que no quería acabar con la vida de Liandra. Pero esta no se quedó quieta, le buscó en sueños hasta que le encontró, retirado en una casa de montaña. Liuandra fue a aquel lugar y reconoció a Morga de espaldas al fuego. Las palabras de Liandra fueron sencillas, pero directas: “Prefiero vivir un mes contigo, que no pasar el resto de mis días sin corazón.” El la besó. Fue un mes precioso, una primavera insólita. Recuerdo que durante ese tiempo todo el pueblo soñó cosas maravillosas. Hasta el fantasma de la guerra desapareció temporalmente. Todo parecía perfecto, todos nos saludamos amablemente, reíamos, los niños jugaban sin armas de madera. Todos nos enamoramos de la vida. Pero ese mes pasó demasiado rápido.
La aparición del fantasma de la guerra![]() Decían que habían ganado la guerra. Decían que las cosas iban a cambiar y que teníamos que respetar a un personaje que solo veíamos en fotos. Nos dieron pan y nos obligaron a delatar a nuestros vecinos por medio del terror y la intimidación. Ciertamente no entendimos nada, pero la aparición del fantasma nos aplastó con violencia, tanto a unos como a otros. Dividió el pueblo en dos, una mitad fuerte y respaldada y la otra mitad silenciada por el miedo. Fue entonces cuando tuve que ocultar mi don, la iglesia no veía con buenos ojos a la gente que por circunstancias extrañas no eran normales, así que intenté dedicarme solo a la carpintería. Desgraciadamente la gente seguía acudiendo a mí, y yo no podía negarme. Una mañana subí la montaña para hablar con Morga. Estaba solo en su chimenea viendo como se deshacían las brasas en un frenesí de colores cálidos. Morga se había convertido en una sombra triste y desolada, que difícilmente hablaba y que raramente se movía de aquel lugar. Le pregunté si se había dado cuenta de que el fantasma había llegado a la ciudad. Morga se volvió y me dijo que Liandra había visto el sueño del fantasma. Un sueño lleno de muerte, odio, desolación, tristeza y amargura. Un sueño de dualidad, de división. Morga dijo que la única forma de vencer a aquel fantasma era la unión del pueblo. Un reto difícil ya que ni él ni yo teníamos el don de unir las cosas. Morga dijo que el solo daba la muerte y rompió a llorar. Le dije que buscaría a la persona adecuada para enfrentarse al fantasma de la guerra. Morga me dijo que Liandra, antes de morir, veía los sueños de alguien con el don de unir. Esa persona vivía en un pueblo cercano al nuestro. Bajé la montaña y nunca más volví a cruzarme con Morga. Dorian, el creador de rompecabezas![]() Dorian vivía en nuestro pueblo vecino, no fue difícil dar con él, nada más llegar pregunté por alguien que se dedicase a unir y claro, desconcertaba. Preguntaba si había alguien que ayudase a las parejas en sus relaciones o que se dedicase a hacer mezclas de materiales. Lo único que descubrí fue a una persona que creaba puzzles. Desde su más tierna infancia, Dorian creaba piezas de unión. Hacia piezas de engranaje como el mecanismo que hacia girar un molino de agua, o la maquina que creó para que las mujeres de su pueblo pudieran tejer con más facilidad. Pero donde Dorian era realmente bueno era creando piezas de madera con dibujos que se podían unir entre sí. Cuando estas piezas se unían formaban un paisaje. La gente de su pueblo se pegaba por conseguir uno de sus puzzles. Cuando di con él estaba en su taller, en una calle poco concurrida pero famosa por su tienda de puzzles. Toqué la puerta y me abrió una mujer mayor, le comenté que buscaba a Dorian y, esta me dijo que su hijo estaba abajo, en el sótano. Dorian estaba trabajando en su último puzzle. Cuando bajé aquellas escaleras noté que la estancia estaba más fría que el resto de la vivienda. Se encontraba en una mesa de madera que supuse había fabricado el mismo. Le comenté porque estaba allí. Le hablé de Morga y de Liandra, de sus dones, le hablé del fantasma de la guerra y que igual que había llegado a mi pueblo acabaría, tarde o temprano, llegando a suyo. Para mi sorpresa, Dorian me dijo que ya conocía el fantasma y que sabía que yo estaba allí para convencerle de que lo derrotase. Dorian estaba al tanto de todo, y sin embargo no había hecho nada. Me dijo que su única razón para vivir eran los puzzles y que él no podía unir a la gente para luchar con el fantasma. Estaba demasiado ocupado en su última creación. Quedé estupefacto, no quería entrar en razón, la única persona capaz de acabar con aquella situación y solo quería hacer un maldito puzzle. Admito que me puse nervioso, que casi rompo todo aquel material que tenia encima de la mesa, pero me contuve. Cuando estaba subiendo las escaleras para marcharme de allí, dijo: “Ese fantasma es un puzzle, pero yo creo puzzles y nunca doy sus soluciones, sino, sería un poco aburrido ¿no crees?” |
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